Todos los martes comemos pizza en el barrio. Mi mamá, mi madrina y amigas de sus edades cercanas a los 80 años.

Mis abuelos tuvieron 4 hijas, y en las distintas provincias en donde vivieron siempre recibieron amigas de sus hijas, que se quedaban a dormir. En los años ’50 esas costumbres no eran tan habituales, pero parece que los abuelos las apoyaron y fomentaron lo cual trajo como resultado de las cuatro hermanas tuvieran amigas en Formosa, Corrientes, Córdoba y otras provincias, y que esas amistades sigan en contacto hoy en el año 2025.

Sería que la casa llena de mujeres atraía a más mujeres? Que la amistad era un valor que había que fomentar, acunar y esparcir a pesar de la distancia y el tiempo? La cuestión es que hoy, cuando nos juntamos los martes a comer pizza la mesa se va completando con esas amigas que pasan por Buenos Aires viajando desde sus provincias. Y así han pasado al menos unos 70 años en que las amigas se siguen viendo.

Esos lazos de afectos que se iniciaron hace tanto años, deben ser como los que tengo con mi compañeras del secundario. Nos conocimientos a los 13 años y hoy a los sesenta y poco seguimos siendo amigas. La importancia de esas conexiones es subestimada y no se aprecia su profundidad. Nada puede estar oculto en una relación que se originó hace tanto tiempo. Hoy, cuando nos juntamos a cenar para festejar algún cumpleaños -y los hacemos cada tres meses- podemos contar nuestras alegrías y detallar también nuestros fantasmas, y todo de seguido sin dar explicaciones, ni hacer introducciones, ni escuchar reproches porque todas sabemos desde donde hablamos.

Llegamos a conocernos tanto que sabemos de nuestras honestidades y nuestras falencias, no hace falta detallarlas ni recordarlas. Sólo hace falta paciencia, empatía y apoyo. Cada encuentro con las que fueron compañeras del secundario, y hoy son amigas, se disfruta como una mini fiesta en que nos pondremos al día del lo detalles de la vida de las otras, y en que disfrutaremos de acompañarnos en temas de salud y de familia.

Al final de cuentas, me doy cuenta que la reunión de los martes a comer pizza, que comenzó siendo el encuentro semanal con mis padres, para luego serlo con mi madre y mi madrina y hoy con ellas y sus amigas, es el reflejo del encuentro con las chicas del Liceo 9. Y que en esos encuentros se entremezcla la vida, y sobre todo el presente compartido que se llena día a día de preguntas, cuestiones de internet e inteligencia artificial, chismes del espectáculo, sin dejar de lado dudas y miedos que nos dan insomnio.

Ojalá ustedes lectores tengan amigas que se entusiasmen al compartir esos momentos de sus vidas, y que coman pizza.

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Sandra

Soy Bicha, de Espacio Claudelina, el blog de tejido, crochet y patchwork; y de Reflexiones de Claudelina y Pitoco, un blog de escritura para divertirte y reflexionar. Pasá, disfrutá de la lectura, paseá conmigo a través de la escritura, observá las imágenes que se describen, compartilo para que el mundo sepa las emociones que te despiertan mis escritos.

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