La idea de escribir reflexiones y anécdotas surgió de una conversación que tuve con mi hermana, a pesar de los 9.000 kilómetros que nos separaban, y que me ayudó a concretar una amiga, de quien me separan unos 12.000 kilómetros.
Para quienes las distancias fueron un problema en el pasado, vean que hoy no modifican muchas vidas, o mejor dicho, ya son parte de nuestras vidas.
De hecho uno puede sentarse a cenar, y poner la computadora o el elemento electrónico del caso como un invitado más y conversar entre todos.
Así fue como nació esta idea de escribir. ¡Hola mundo! Me presento.
El libro de Julia Cameron “El camino del artista” fue la inspiración. Ella menciona la necesidad de escribir diariamente para poder empezar a liberar el artista que tenemos adentro. Y así, escribiendo y escribiendo, comencé este camino que ahora llevo a la pantalla.
Escribir todos los días un poco, o algunos días mucho, me resultó liberador. Ya que la idea es escribir de cualquier tema, sin que nadie tenga que leerlo, ni siquiera uno. Me tocó escribir en el ticket del supermercado -a falta de papel- y en preciosos cuadernos que ya formaban parte de mi colección.
Nunca pensé que escribir pudiera ser liberador. Nunca pensé que podía encontrar un lugar para desahogarme, para dejar asentadas las peleas y no llevarlas al terreno del enfrentamiento.
Tampoco creí que pudiera escribir sin nombrar a nadie; que pudiera hablar desde el fondo del pecho; que pudiera tener todos los días que escribo un tema distinto para tocar, para pensar, para deslizar, para reflexionar.
Y así escribiendo, escribiendo, descubrí algo que no había practicado con tanta naturalidad: soltar.
Y si, cada vez que escribo, suelto mis dilemas, y después el resto del día ando más liviana.
Gracias hermana por ayudarme a empezar.
Gracias amiga por ayudarme a compartir lo que empecé.
Bicha
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