Ayer lei una frase potente: “No digas tus proyectos a nadie. Muchos cruzan los dedos para que no se te den. No todos se alegran de tus logros. El triunfo de un luchador es el sufrimiento de un mediocre.”
Frase potente si, y cuánta verdad contenida en un pensamiento de pocas palabras!.
Al final llego a la conclusión de que todos los caminos sacrificados vienen acompañados de la soledad.
No estamos hablando de caminos con complicaciones serias, sino con vericuetos de otro tipo. Esos caminos que uno emprende en una nueva actividad, y que va descubriendo herramientas para desarrollar algo nuevo y poder ejecutarlo, para luego darse cuenta que bastante bien nos va y las cosas nos van saliendo bien, para después escuchar comentarios –de esos que siempre llegan- que vienen arrastrados por el mar de la mediocridad, y que traen el cruce de dedos para que nuestros nuevos proyectos no prosperen y que el triunfo no nos sonría.
Es cierto, cuanta mediocridad! No dejar que el otro crezca en algo que a nosotros no nos sale bien, es envidia. En eso estamos de acuerdo, y resulta difícil de digerir. Más si el tema es entre mujeres donde con una sonrisa clavamos un pensamiento mortal que atraviesa al otro de lado a lado para que sienta bien sentida “la envidia que le tengo”, pero…que disimulo…con una sonrisa.
Pero las cosas no quedan allí, porque peor es aquel mediocre que cruza los dedos para que el otro no crezca en algo que a él ni siquiera le gusta o le interesa. Es la envidia al triunfo ajeno. Una envidia negra de toda negrura. Negativa. Destructiva. Qué te importa que el otro triunfe en algo que a vos no te interesa? Qué te preocupa que el otro reciba felicitaciones por algo que nunca mirarías ni te interesaría? Qué puede aportarte envidiar el triunfo ajeno? Acaso no tienes una vida para mirarte en ella y ocuparte de mejorarla, hermosearla, disfrutarla y compartirla?
Es que la envidia no es querer lo que el otro tiene, sino querer que el otro no lo tenga.
Además es más fácil criticar que hacer. Es más fácil criticar cada detalle del triunfo ajeno que construir el propio. Y eso resulta claro, porque quien se pasa el día y la noche mirando el triunfo ajeno para destruirlo omite mirar sus propias falencias para construir sobre ellas la base de su propio triunfo.
Y bueh! Así son las cosas hoy. El año va terminando, mis triunfos han estado a la vista, y la envidia y la mediocridad también.
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B I C H A
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