
Sábado. Voluntariado en la cárcel de San Martin, en el camino del Buen Ayre.
Esta vez fue a la Unidad 46 adonde las paredes de entradas están impecablemente pintadas de blanco.
Luego de pasar dos puertas altísimas con rejas, llegamos a un solar que a ambos costados tiene dos pequeñas plazas. Puentes, estatuas y desniveles recrean un lugar que parece que recibirá la visita de niños.
Las paredes a cada lado tienen graffitis de Diego, Lionel y las Islas Malvinas. Fueron pintados por alguien experto, se le nota en los trazos. También se pintó una bandera argentina envolviendo los símbolos.
Pasamos el centro adonde se celebran los matrimonios. Una especie de oficina de algún registro civil.
Luego la carpintería de los hombres. Parece Easy o Sodimac. Mientras que la carpintería de las mujeres de la Unidad 46 posee unas escasas maderas y algunos pallets.
Llegamos al taller con sentido de la Unidad 46, de dos ambientes con baño. Unos diez internos, entre hombres y mujeres, fueron llegando con la guardia. M, la voluntaria titular -yo soy nueva- llevó una película de Disney para ver y la pochoclera para sentarnos frente al televisor. Pero nunca se pudo conectar la película con el televisor.
Me ofrecí a contar alguno de los cuentos de este blog. Elegí el que habla de los hijos que se van lejos y la catarata de emociones que la situación nos deja. En ese cuento hice hincapié en lo que me contó mi amigo el huevo que cuando se casó se mudó de la ciudad de La Plata a Buenos Aires, o sea unos cincuenta kilómetros, y que sus padres y sus amigos le dijeron que era casi un traidor ya que no lo vería de forma cotidiana; que estaba abandonando su hogar (cuando en realidad estaba construyendo uno nuevo al haberse casado).
Z, una mujer de unos 40 años (aunque muchas de las mujeres allí alojadas no poseen una edad determinada que pueda ser adivinada a simple vista) dijo que su casa quedaba cruzando la autopista del Buen Aire, he hizo un justo con la mano señalando la dirección del lugar, y que sus hijos estaban allí, no los veía, no la visitaban, los separaba un abismo.
Sandra